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10 febrero, 2008

Deshojando margaritas


Érase una vez un niño llamado Ned que tenía un poder sobrenatural. Podía revivir las cosas muertas tocándolas, y viceversa. Al principio, esto conllevaba una buena perspectiva, pues resucitó a su perro que acababa de ser atropellado y devolvió la vida a su madre cuando un buen día ésta se hubo desplomado en el suelo de la cocina. Era un don maravilloso.

Pero tenía sus pegas: un minuto después de devolver vida, algo tenía que morir a cambio. Y una vez revivido, no podía volver a tocarlo. Primer toque: resucitado. Segundo toque: muerto... para siempre.

Y Ned creció y aprendió a evitar el contacto con las personas. Se gana la vida con una pastelería y preguntándole a los cadáveres de la morgue quién les mató para cobrar la recompensa. Hasta que abre un ataúd para preguntarle a su antiguo amor quién le había asesinado. Ned fue en contra de todos sus principios y, cuando tocó a la bella durmiente, decidió no volver a ponerle un dedo encima.

Así comienza la historia de Pushing Daisies, un cuento de hadas de lo más amelista donde los colores chillones y el vestuario años cincuenta esconden una irónica tragedia: ¿qué pasaría si tuvieras el control de la vida y de la muerte? ¿Y si no pudieras tocar a la persona que amas porque le quitarías la vida?

Me pasaron los capítulos el otro día y he buscado el nombre de Tim Burton en los créditos, pero no está. Desde luego, no se cortan nada a la hora de hacer homenajes. En muchas escenas hace alusión a Big Fish y Sleepy Hollow o ponen la fuente de letra de Nightmare Before Christmas en los créditos e incluso en el juego entre realismo crudo y Arcadia feliz, Burton está por todas partes.

No me molesta para nada, la verdad. El guión es original, dentro de lo que cabe, y los personajes tienen actores a su altura. Os la recomiendo.

12 noviembre, 2007

Mi amiga le robó las Converse a Luna Lovegood


Antes de la película Harry Potter y la Orden del Fénix, podías comprar las Converse en el Reino Unido a un módico precio (entre 10 y 20 pounds, si sabes buscar en tiendas chulas de barrio). Si ampliáis esta foto, tomada en una calle principal de Edimburgo el pasado julio, tal vez podéis apreciar que el precio de las All Star Converse Strawberries es de 36.99 libras. No han llegado a España. Gracias, Warnerbros, por hacer nuestra vida más jodidamente cara.

Mi amiga Blancanieves le robó estas Converse a la inocente Luna (pero en realidad no se las devolvió, las que salen colgadas en el arco del pasillo de Hogwarts eran otras que le regalaban a la actriz), y las pasea con mucho garbo y elegancia, combinando cordoneras rojas y blancas. Además, le encantan las fresas, moras, frambuesas y arándanos y todo lo que se puede hacer con estas bayas, como buena princesa de cuento, así que le pegan mucho. ^_^ Tengo la suerte de tenerla en clase distrayéndome de la basura que intentan enseñarnos y pensamos por nosotras mismas.

Más novedades: he pillado in fraganti a mi ángel de la guarda. Es moreno, bajito, de unos cincuenta años, conbarba y cejas densamente pobladas y unos ojos chispeantes de inteligencia y de alegría. Sólo le veo cuando me acerco a la catedral (al parecer, los ángeles están atados a ciertos recintos sagrados). Le echo una moneda cada vez que le oigo tocar el acordeón.


Imagine no posesions, I wonder if you can...
(Lennon).

25 agosto, 2007

Siempre en estado de espera


El tema de hoy es La Flaqueza del Bolchevique, la adaptación al cine de la novela de Lorenzo Silva (que quiero leer cuanto antes o.o). Es la historia de un pobre hombre que lo tiene todo pero en realidad no tiene nada. Mi actor español preferido, Luis Tósar, se encarga de darle vida y, a pesar de lo desagradable y triste que pueda ser este antihéroe, el espectador le ama desde el principio de la película, cuando está en un atasco un lunes a las ocho y se pone Extremoduro a toda leche, el tío jebi. ^o^

A este personaje, Pablo López, le interesa la historia de Rusia, el comunismo, los Romanov... y de una forma especial, la gran duquesa Olga.

¿Cómo se sentiría el bolchevique encargado de matarla?.

En esta peli debutó María Valverde, que aunque está algo verde, hace bien de chica inteligente escondida tras un rostro de dulce Caperucita. Sin desvelar nada de la trama, diré que el final me dejó temblando. Los acontecimientos son lentos, cada paso que dan los personajes están muy planeados y pensados en frío, pero aunque intentan evitarlo (él más que ella), la madeja que los une se va enredando más y más... aah, c'est l'amour.


Mi escena preferida: cuando Pablo está en su coche después de haber tomado una difícil decisión y está conduciendo con cara de póquer, aparentemente impasible. Pero una canción expresa a grito pelado lo que le pasa por dentro...

Sueña que sueña con ella y si en el infierno le espera...
Quiero fundirme en tu fuego como si fuese de cera.

Y, antes de hacer la maleta y pasar su vida entre andenes,
deja entrar a los ratones para tener quien le espere.

Sueña con su melena y viene el viento y se la lleva,
y desde entonces su cabeza sólo quiere alzar el vuelo,
bebe rubia la cerveza p'acordarse de su pelo...


(Standby, Extremoduro).

03 agosto, 2007

Mixture


Tengo poco tiempo antes de irme a la playa de finde (contra mi voluntad, otra vez). Puedo contar que La maldición de la flor dorada es genial para dormir la siesta, que Tarantino no sabe hacer películas gore aunque lo intente con Hostel 2; que todo aquel que lea a Borges no volverá a leer ni a escribir igual, que la ficción no es más ilusoria que la realidad, que entiendo la fórmula E=mc2, que recuerdo cosas que nunca me han pasado; que hasta un manga terriblemente malo puede tener su gracia, que admiro a Alan Moore más que nunca; que siento debilidad por los ladrones, pero no por los asesinos, que atravesar la raya de lo legal a lo ilegal es muy fácil y muy costoso; que el colega J.F. se parece demasiado a Bob Dylan; que el verano es demasiado largo, que te echo de menos y no sé cómo decirlo sin que suene tonto.


I will stay forever here with you
My love
The softly spoken words you gave me
Even in death our love goes on

Some say I'm crazy for my love, Oh my love
But no bonds can hold me from your side, Oh my love
They don't know you can't leave me
They don't hear you singing to me

And I can't love you, anymore than I do

People die, but real love is forever.


(Even in Death, de Amy Lee).

01 agosto, 2007

A ver quién me quita estas ganas de bailar


Vengo de ver la peli de los Simpsons, ¡por fin! Nadie estaba dispuesto a pagar por ver un capítulo de hora y media y, de hecho, lo primero que te dice Homer al empezar la película es lo imbécil que eres por ver algo que tienes gratis en la tele.

Como el grupito era demasiado numeroso y lleno de desconocidos, me he ido con Crilín a cenar y a pasear. Al ser martes no había casi nadie en la calle, y hemos charlado tranquilamente de todo lo que se puede hablar en tres horas, saltando de un tema a otro sin perder el hilo, comiendo pizza recalentada (pagada, encima), caminando de nuevo, cotilleando sobre las rupturas veraniegas y las nuevas parejas, intercambiando impresiones musicales y literarias... al final me ha dejado invitarle a una coca-cola y me ha explicado el significado de E=mc2 en la servilleta de un pub (pseudo)irlandés y la charla ha terminado en un banco.

Y ahora tengo para dormir unas cuatro horas antes de vaciar el trastero para que el pintor pueda trabajar a las 8.00 am. Esta noche conseguiré leer sin dormirme, que hasta el gallego me ha superado. ¬¬ No puedo buscar en el gugol imágenes de nada de HP porque sé que algo me destriparé (*frustración*) ni comentarlo con nadieeeee. Bueno, dejando a un lado esta vena friki de la que mis amigos empiezan a hartarse oírme hablar, diré que quiero bailar. Ahora me apetece más que nada en el mundo. Lo mismo me apunto a clases de baile, que bailando sola en mi cuarto no me luzco. Lalalala...

You can dance, go and carry on
till the night is gone
and it's time to go
If he asks if you're all alone
can he walk you home, you must tell him no
'cause don't forget who's taking you home
and in whose arms you're gonna be
so save the last dance for me.


Michael Bublé, Save the last dance for me (The Drifters cover).