Cuando Nur y Tanatos se vieron por primera vez, fue estremecedor para ambos. Alexei había logrado evitar tal encuentro en numerosas ocasiones, manteniendo a Nur a salvo durante años, pero aquel día se había quedado trabajando hasta tarde en la biblioteca y se olvidó de la visita de Tanatos.
El capitán de la nave estaba en la sala de control y no oyó ningún timbre ni llamada en la puerta, simplemente sintió quién había llegado e instintivamente se incorporó en la silla y se separó de sus mapas temporales.
-Tu -, susurró como saludo.
-Buenas noches, Gustav, viejo amigo.
-Eh, soy más joven que tú -, le respondió el capitán, relajándose un poco al ver al visitante a la luz.
Le habría encantado seguir hablando con Tanatos, pero un grito les alarmó. Provenía del pasillo y reververaba tanto en las placas de hierro de todo el nivel tres como para despertar a toda la nave. Gustav corrió hacia la puerta, tecleó la clave y salió al corredor, donde los tripulantes que estaban de guardia formaban filas.
-¿Quién ha gritado? -, exigió saber el capitán.
-No lo sabemos, señor.
-Acabamos de llegar...
-A mí me ha parecido que venía de la escalera -, se apresuró a decir uno.
-Vaya panda de inútiles -, comentó Tanatos sin la menor intención de ofender a nadie. Obvió las miradas de odio y terror que despertaba en los soldados y pasó por debajo del brazo de Gustav para dirigirse hacia la escalera que conducía a la biblioteca.
Un muchacho flaco y bajito bajaba por ella en el momento en que se encontró a Tanatos y sus miradas se cruzaron.
-Alexei, cuánto tiempo...
-¿QUÉ LE HAS HECHO? -gritó el chico, levantando un puño tembloroso hacia la cara del indeseable visitante.
-¿A quién? -, preguntó Tanatos en voz baja, que no sabía exactamente lo que quería Alexei.
-¡A ella, capullo! -, y señaló los escalones que estaban entre ellos, donde una niña en pijama estaba agazapada y soltaba unos sollozos casi inaudibles. Alexei se interpuso entre ella y Tanatos y, después de comprobar que Nur no estaba herida, encaró al que creía culpable de aquello.
-¿Le has hablado? Como se te ocurra acercarte a ella te juro que...
-¡Alex, ya basta! -, vociferó Gustav, que había estado esperando con toda la tripulación a su espalda para saber lo que ocurría antes de intervenir-. Ya basta, por favor. No creo que Tanatos tuviera la menor intención de hacerle nada a Nur.
Tanatos asintió despacio con la cabeza, pensando que aquella explicación era muy obvia, pero Alexei no parecía aceptarla así como así. El joven miró a su capitán con el rostro enrojecido, los labios prietos conteniendo mil insultos y, visiblemente ofendido, se sentó en el escalón al lado de Nur para intentar tranquilizarla.
-Nur, soy yo, no te preocupes-, y la niña intentó decir algo pero se ahogaba en su propio llanto-. Venga, respira y dime qué ha pasdo, ¿vale, pequeña?
-Hay algo... aquí... -, empezó ella, y levantó la cabeza para dirigir su mirada ciega a su alrededor; más de uno de los presentes sintió escalofríos, pero Tanatos no fue uno de ellos. Sus ojos negros se encontraron con los iris multicolor de Nur, que alcanzó a decir antes de desmayarse-: Qué... ¿qué demonios es eso?
La muerte no tuvo tiempo de contestarle. Alexei la cogió en brazos y se la llevó del pasillo atestado, reprimiendo las ganas de partirle la cara a alguien por primera vez en su vida, aunque no le habría importado quedarse con la mano rota para siempre.
Las cosas no se tranquilizaron en la nave hasta la tarde siguiente. El incidente ocurrido en el nivel tres fue la comidilla durante el desyuno y el almuerzo, hasta que entraban el capitán y la teniente en el comedor y todos callaban o cambiaban de tema bruscamente. Sin embargo, nadie había visto a Tanatos, Alexei o Nur desde entonces, lo que hacía correr más rumores.
La siguiente ocasión que se vieron, Nur se había escapado de la vigilancia de Alexei y Tanatos paseaba sin rumbo fijo porque sabía que se iban a encontrar. Aunque ella tenía el oído muy fino, él no hacía ruido al caminar ni tampoco al respirar... bueno, lo justo sería decir que, directamente, la muerte no hacía ruido. Tal vez por eso Nur supo ante quién se hallaba.
-¿Vienes a por mí? -, preguntó con valentía.
-No, chiquilla, aún no es el momento.
-Pero me querías ver.
-Sí, eso es cierto. Oye, si no te importa que te lo pregunte, ¿de verdad eres ciega? -, y la niña asintió-. Pues cuesta saberlo. Creo que me estás mirando.
-Hay muchas formas de ver -, contestó ella con sencillez.
-Ya. El capitán ha intentado explicarme lo que pasó anoche. Tengo entendido que te hice daño, o eso piensa todo el mundo, aunque yo ni siquiera lo recuerde -. Era muy difícil saber si las tonalidades extrañas y vertiginosas de su voz expresaban sarcasmo, pero Nur creía que así era-. ¿Me podrías explicar en qué consiste tu don?
-Puedo ver lo que sienten las personas. Y vi lo que sentías... yo... -, titubeó y optó por callar, palideciendo.
Tanatos arrugó el entrecejo e intentó hacerse una idea de lo que le habría transmitido a aquella niña. No lo consiguió.
-Lo siento mucho. No era mi intención que vieras...
-¿Todo ese jaleo? -, ayudó Nur, sonriendo un poco -. No pasa nada. Ya lo controlo. Me has ayudado a aprender algo nuevo, así que no te disculpes.
Oyeron la voz de Alexei acercándose por un pasillo contiguo y se despidieron con un rarísimo intercambio de miradas, el más inexplicable que una niña invidente y un ente devastado podrían ofrecer.