Últimamente voy a post por mes, pero no os preocupéis, que el Word lo tengo a reventar. Creo que se llama crisis y se conoce como la mejor fase que vive un escritor. Le he dado el casi-carpetazo a una novela (esto es, estoy en la fase previa a poder decir ese "¿Sabes?, he terminado aquella novela que te comenté..." que tantas ganas tengo) y empiezo a documentarme para escribir otra, lo que significa que escribo, sí. Lo del blog no es tan grave, supongo.
De hecho, creo que es bueno. Puede que esté evolucionando o algo así, quién sabe. O puede que me esté hundiendo en un mutismo preocupante porque soy poco habladora en persona y en Internet ya no dejo mensajes en ningún blog (tranquila, Myr, tengo el tuyo en la pestaña de al lado para comentarte enseguida). En cualquier caso, no estoy viviendo una época feliz e idílica, lo cual es muy bueno para mi cabeza y mis estudios. No es algo que me haya inventado, Proust decía que los años de felicidad eran bonitos, pero eran los que antes olvidaba porque no había aprendido nada de ellos, en cambio, sí que había aprendido muchas cosas durante los años duros. Sin llevar este consejo al extremo, pienso que la felicidad atonta y no es buena para la cordura a largo plazo, lo cual no significa que vaya a caer en la infelicidad y desgracia eternas llenando mi vida de crueldad en lugar de sinceridad, odiándome a mí misma y ahogando las penas en alcohol. Ni hablar, esa no soy yo. No me gusta el victimismo, y empiezo a preguntarme si hay algún tío que no se haga el víctima cuando las cosas le van mal.
Resumiendo, un poco de autodestrucción va bien de vez en cuando(1). Siempre que sirva para construir algo nuevo.
Ahora estoy leyendo Tormenta de Espadas (tomo I), de Doble Erre*, Watership Down de Richard Adams, en inglés, para cabrear al inútil de mi profesor que no es capaz de leérselo, y Corazón de Ulises, de Javier Reverte. Este último lo acabo de empezar hoy y me ha sorprendido la forma de hacer viajar al ritmo del narrador, la brevedad y la sencillez con las que cuenta cosas tan densas como la historia del origen de Grecia y de la propia civilización occidental y la búsqueda espiritual/literaria de Ulises, el primer gran marinero y rey pirata de la literatura. Y sólo llevo dos capítulos.
Quiero resaltar otra obra que he leído: Novecento, de Alessandro Baricco. Es un sorprendente relato teatral breve o monólogo largo (según dice el propio autor, "no hay nombre para un texto de esta clase") sobre el mejor pianista de la tierra... o mejor dicho, sobre el mar, porque el protagonista nunca ha pisado tierra y ha tocado el piano en la orquesta de un transatlántico toda su vida. Para los interesados, leedlo en la editorial Anagrama o ved la película La leyenda del pianista sobre el océano. Esta historia es muy recomendable si aún creéis en lo excepcional o si habéis dejado de creer que exista. Es decir, que lo tiene que leer (y ver) todo el mundo.
Por frívolo que suene después de este derroche de información literaria y sentimental, confieso que me he enganchado a la serie Californication y me declaro profundamente enamorada de Hank Moody. xD Le falta poco para llegar a ser un Don Quijote americano del siglo XX, cosa que obviamente no va a conseguir ningún americano de ningún siglo, pero se agradece el esfuerzo. Los personajes encandilan lentamente, Becca con su sensibilidad, Karen con su belleza de Penélope y el colega Hank... bueno, es Hank, no hay más que verlo.

P.D.: Tranquilo, House, siempre habrá un lugar en mi corazón para ti.
(1) Cita de Jane Birkin; el añadido siguiente es mío.
*A partir de ahora, Doble Erre será el nombre abreviado que le daré a George R. R. Martin.















